Como nadie se ha atrevido a publicar aún una entrada en este blog, voy a ser la primera y os voy a enseñar una historia que leí en un libro (La Cosecha de Samhein, de José Antonio Cotrina).
Una de las noches, Marina les contó a todos un cuento que había escrito. Se llama Por amor.
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Ésta es la historia del rey y la reina de Delirio. Se habían conocido cuando apenas eran unos niños y nada más verse tuvieron claro que estaban destinados a estar juntos. "Cuando crezca me casaré contigo", fue lo primero que él le dijo, y ella simplemente contestó: "Lo sé". Tenían siete años.
Desde el primer momento había quedado claro que aquellos niños estaban hechos el uno para el otro. Prácticamente, aseguraban todos, era como si hubieran nacido ya casados. Eran la pareja perfecta.
Los años pasaron, se convirtieron en reyes de Delirio y ambos continuaron igual de enamorados que el primer día. Bajo su gobierno el reino prosperó como nunca antes lo había hecho. Fueron años magníficos, espléndidos; todo era felicidad y dicha. Hasta que un asesino llegó a la corte, un asesino enviado por un país vecino con la orden de acabar con el monarca. Pero cometió un error y en vez de verter el veneno con el que pretendía consumar su crimen en la copa del rey, lo hizo en la de la reina...
La reina cayó mortalmente enferma. Mientras agonizaba, el rey, enloquecido por el dolor y la pena, juró que ni siquiera la muerte los separaría y acudió a la torre del más poderoso hechicero del reino para suplicar su ayuda. El mago le dijo que no podía hacer nada por salvarla; el veneno del asesino era tan potente que no había magia ni en Delirio ni en ningún otro mundo capaz de ayudarla. Pero sí había una cosa que podía hacer: un sortilegio sumamente peligroso ya que desequilibraba la esencia misma de la magia; velaría a la moribunda, le explicó, y, justo en el momento exacto de su muerte, cuando el alma de la mujer escapara de su cuerpo, se haría con ella y usaría todo su poder para transformarla en fantasma.
Muchos son los que podrían pensar que eso pasaría por sí solo cuando la reina muriera. Pero en aquel mundo mágico al menos las cosas no funcionaban así. Son muy pocos los que al morir se convierten en espíritus. Y ése no era el destino de la reina; su alma, simplemente, iba a desaparecer para siempre... Y como el rey no podía soportar esa idea, le pidió al mago que realizara el hechizo sin importarle que éste le advirtiese de lo complicado y peligroso que era. El rey juró darle la mitad del reino si conseguía devolverle a su esposa aunque fuera convertida en fantasma.
El mago aguardó en la habitación de la reina hasta el instante en que exhaló su último aliento. Entonces, cuando el alma de la mujer abandonaba su cuerpo, se hizo con ella, la llevó a su torre y allí realizó el sortilegio que la convirtió en fantasma. Pero ocurrió algo que nadie podía esperar: la transformación enloqueció a la reina; no podía comprender que, aunque fuera por amor, el rey la hubiera condenado a ser un fantasma para siempre... "No podía vivir sin ti", le dijo él. "¿No lo entiendes? Vivir sin ti no era vida". Ella no le escuchó. La rabia la consumía. Y cegada por ella lo hirió de muerte. "Manda buscar al hechicero", le rogó el rey de Delirio mientras agonizaba a sus pies, "que me transforme también a mí... y así estaremos juntos hasta el fin de los tiempos". Pero ella se limitó a contemplar cómo moría. "Me has condenado, necio", le dijo. "Por amor me has condenado a una vida que no es vida, por amor me has arrojado a la eternidad y a la desdicha perpetua... Maldigo tu amor. Llévatelo contigo a la oscuridad, llévatelo contigo al olvido. Y yo me quedaré aquí para siempre, maldiciendo tu nombre y maldiciendo el día en que te conocí".
woah, qué final O-O
ResponderEliminarme gusta, por fin hay una entrada! jaja
Qué guay! Me gusssta =)
ResponderEliminara mí también me gusta! ^_^
ResponderEliminarjaja, aquí puedo decirlo sin que quede raro, como no lo he escrito yo....