Friedrich II de Prusia (conocido después como Friedrich el Grande) fue un rey prusiano y uno de los máximos representantes del despotismo ilustrado del siglo XVIII. Desde su juventud sintió gran afición por el arte, y fue intérprete de flauta, poeta, filósofo y amante de las letras. Todo lo contrario a su padre, un hombre rudo e implacable que lo desaprobaba y lo tachaba de afeminado.
No se sabe cómo se conocieron Friedrich y Hans Hermann von Katte, un noble teniente del ejército de Prusia, aunque pudo ser en el ejército o mientras ambos asistían a clases privadas. Fuera como fuese, en ese momento surgió entre ellos una profunda amistad, que, se cree, desembocó en una relación sentimental. Friedrich, algo más joven que Katte, admiraba la actitud cosmopolita de éste, y a ambos le interesaban la música y la poesía.
A los 18 años, el príncipe Friedrich, cansado de la desaprobación y los malos tratos de su padre, decidió huir a Inglaterra y contó sus planes a Katte. Éste intentó disuadirlo al principio, pero acabó apoyando a Friedrich y juntos llevaron a cabo el plan. Sin embargo, fueron capturados en Küstrin y, al ser ambos oficiales del ejército, se les acusó de traición.
Friedrich fue encarcelado durante varios meses y privado temporalmente de su condición de príncipe heredero. La condena que el tribunal militar impuso a Katte, en cambio, fue la cadena perpetua. Aún así, el rey, no contento con el fallo, consiguió que la pena para el amante de su hijo fuera la muerte.
Hans Hermann von Katte fue decapitado el 6 de noviembre de 1730, cuando contaba tan sólo con 26 años, y el príncipe fue obligado por su padre a asistir a la ejecución. Esta experiencia sumió a Friedrich en una profunda depresión, tras la cual apenas volvió a nombrar a Katte.
Traduzco (o lo intento...) a continuación la carta de despedida que Katte escribió a su padre el día antes de su ejecución:
"Entre lágrimas, padre, es como quiero marcharme al pensar que esta carta será la causa del mayor dolor que el corazón de un padre honrado puede sentir. Que todas las esperanzas por mi futuro y por tu bienestar durante la vejez desaparecen de repente; que todo el esfuerzo y la diligencia puestos en mi educación y mi felicidad han sido en vano; que voy a tener que abandonar este mundo en la flor de mi vida sin poder mostrarte el fruto de mis esfuerzos. Pensé en ascender el mundo y satisfacer tu esperanza; en que no me faltarían felicidad y bienestar; me entregué a la certeza de mi reputación. ¡Pero todo ha sido en vano! Qué inútiles son los pensamientos humanos: todo puede derrumbarse de repente; y qué triste que el horizonte de mi vida esté llegando a su fin; y cómo mi estado actual se distingue de aquél con el que mis pensamientos se han ido. Debo (en lugar de pasear por el camino del honor y la reputación) recorrer el camino de la desgracia hacia una muerte vergonzosa. Mantente fuerte, padre, y créeme, Dios está conmigo en este juego, sin cuya voluntad nada sucede, ¡ni siquiera un gorrión puede caer en la tierra! Mientras tanto, te agradezco con filial respeto la lealtad que me has mostrado, desde mi infancia hasta este mismo momento. Ya no me queda nada excepto acabar con este consuelo: aunque no hayas recibido de mí nada grande o distinguido, por favor, confía en mí, te aseguro que me encontrarás muy alto en el cielo. Tu hijo, fiel hasta la muerte, Hans Hermann."